El concurso de paellas y el bingo musical Polichinela han vuelto a demostrar su éxito con una edición que se ha caracterizado por una alta asistencia de público y un ambiente festivo como pocos. Lo que comienza con un sofrito y el chisporroteo de las paelleras termina entre risas y canciones, con gente subida a las sillas cantando a todo pulmón. Así, el Concurso de Paellas de Campo de Criptana ha superado otra vez todas las expectativas, fusionando la rivalidad culinaria con un final de fiesta apoteósico.
La carpa municipal fue el epicentro de esta celebración, acogiendo a 36 cuadrillas decididas a demostrar su pericia culinaria. Armadas con sus mejores paelleras y camisetas de peña, se enfrentaron al reto de coronarse como los mejores cocineros del verano. Más allá de debates sobre el uso de azafrán o colorante, o la clásica disputa sobre el socarrat, el verdadero éxito fue el ambiente inigualable que se respiraba.
El concejal de Festejos, Berna Manzaneque, hizo hincapié en la fortaleza de la participación este año. «El concurso de paellas es el más popular y el que más éxito tiene entre las cuadrillas. El cupo está completo, y algunas han quedado en lista de espera porque no cabe un alfiler en la carpa municipal», expresó. Según sus estimaciones, el evento reunió a entre 800 y 900 personas. Las cuadrillas variaban en tamaño, desde grupos de 10 u 11 integrantes hasta otras que superaban los 50, lo que evidenció el vigor de esta tradición. Manzaneque también compartió su opinión personal sobre el asunto culinario: «No soy purista de la paella valenciana. Me gusta la paella de carne y, aunque suene raro, me gusta que lleve un poco de chorizo».
En un recorrido por la celebración, se podía ver cómo cada cuadrilla combinaba la dedicación de sus «chefs» con aquellos que se encargaban de mantener las neveras llenas. La convivencia, el humor y el espíritu participativo marcaron la jornada, que se consolidó como una de las más multitudinarias de la feria.
Tras la degustación, el evento vivió un cambio radical de dinámica. El tradicional bingo musical Polichinela se transformó en una auténtica fiesta, donde tachar números fue relegado a un segundo plano ante la emoción de los bailes, los abrazos y los gritos de “¡Línea!” o “¡Bingo!”.
Irene Carramolinos, integrante de la comisión de fiestas, explicó que en el bingo cada número estaba asociado a una canción, elevando la experiencia a algo más que un simple juego. “Es un bingo normal, pero en vez de 90 números, son 90 temas musicales. Si sale la bola 7 y corresponde a ‘Toda’, de Malú, suena la canción y los participantes tachan el número en su cartón”, detalló. La alta participación fue notable y, como señaló Carramolinos, la gente estaba tan animada que incluso comenzaban a bailar antes del inicio oficial del juego.
Este evento, que ha llegado a su tercer año de realización, ha ido consolidándose como una tradición lúdica en el pueblo. Las normas del juego y la oportunidad de disfrutar tras el concurso de paellas han convertido la jornada en un punto de encuentro para todas las edades, desde niños hasta abuelos, pasando por cuadrillas de amigos y peñas. Según Manzaneque, el resumen ideal de la jornada se encapsula en una sola palabra: “Espectacular”. Esa espectacularidad se percibía no solo en la convivencia, sino en el disfrute compartido por todos los asistentes, haciendo que el Concurso de Paellas y el bingo musical se mantengan como eventos imperdibles del verano en Campo de Criptana.
Fuente: Ayuntamiento de Campo de Criptana.



